Construir capital social: la cara positiva de la migración
La migración es un fenómeno mundial de movilización de personas en búsqueda de nuevas oportunidades; tradicionalmente; se ha entendido que la consecuencia natural de la migración de profesionales calificados es la fuga de cerebros. La migración y el desarrollo van de la mano, los países menos desarrollados lideran la fuga de cerebros (Shin & Moon, 2018), así sus estudiantes y profesionales más altamente calificados, por diferentes razones, deciden dejar su país, muchas veces con carácter temporal y otras tantas de manera permanente.
Desde la perspectiva del capital humano la emigración representa una relación de pérdida para la nación originaria pues la mano de obra calificada no está desarrollándose en el país, y al mismo tiempo es una ganancia-pérdida para el país receptor quien se beneficia de este capital para producir y desarrollarse, aunque limita la oferta de puestos de trabajo a sus ciudadanos. Sin embargo, más recientemente, la mirada desde el capital social plantea que la migración beneficia a ambas sociedades al permitir la circulación de cerebros y la transferencia de habilidades (Wallace, 2019). Así, se plantea superar la pérdida de capital humano que produce el fenómeno de migración y construir interacciones de los individuos emigrados con su país de origen que permita construir capital social.
En este contexto, al revisar sobre el capital social, destaca la relevancia de la construcción de redes por parte del individuo; Woolcock & Narayan (2000) citando a Granovetter (1973) intentan dar cuenta de la importancia que tienen tanto las asociaciones verticales de personas como aquellas horizontales y, por otra, las relaciones que se dan dentro y entre entidades como los grupos comunitarios y las organizaciones; denominando a los lazos verticales como capital social “que une” (bonding, en inglés; p.ej. las redes sociales y familiares que construye un individuo) y aquellos horizontales, como capital social “que tiende puentes” (bridging) en referencia a las organizaciones e instituciones a las que pertenece un individuo a lo largo de su vida. Este enfoque de redes reconoce que “la familia, los amigos y socios de una persona constituyen un activo de importancia a los que puede recurrir en momentos de crisis”; es decir, plantean que los fuertes lazos intracomunitarios otorgan a la familia y la comunidad un sentido de identidad y un propósito común. Sin embargo, también pone énfasis en que, es una debilidad si el individuo no cuenta con cierto nivel de lazos intercomunitarios, tales como los que traspasan divisiones religiosas, étnicas, de clase, género y estatus socioeconómico.
También Ostron y Ahn (2003) discuten distintas teorías sobre capital social y asumen una postura amplia, ven la teoría de la acción colectiva como una teoría clave para todas las ciencias sociales; parten de la definición y características de los distintos tipos de capital como son: a) Físico (bienes tangibles); b) humano lo definen como «el conocimiento y las habilidades adquiridas que el individuo lleva a una actividad” y, c) Social, lo desarrollan en extenso y comparan los postulados de distintos autores y asumen dentro de su trabajo que para proporcionar una base científica al estudio del capital social debe desagregarse el concepto en sus formas específicas. Así los autores definen capital social como «un atributo de los individuos y de sus relaciones, que acrecienta su habilidad para resolver problemas de acción colectiva». Al entender de estos autores, la clave es el desarrollo de la confianza y las normas de reciprocidad entre los individuos, ambos elementos estimulan a las personas a la organización y desarrollo del capital social y su vinculación con el logro de la acción colectiva; es decir, todas las formas de capital social aportan a la confianza y esta a su vez permite el logro de la acción colectiva como se muestra en la figura 1:
Fuente: Ostron y Ahn (2003).
En la revisión documental sobre migración y capital social, se encuentra que los beneficios tangibles de la migración y el establecimiento de nexos con el país de origen van desde el envío de remesas de dinero a familiares, inversión inmobiliaria, inversión en pequeñas empresas o emprendimientos, desarrollos de I+D. Y para el país receptor puede representar la importación de mano de obra calificada, la generación de flujo de capital con negocios y actividades de exportación hacia el país de origen, el intercambio tecnológico y la transferencia de habilidades. Pero los beneficios intangibles al entender de Shin & Moon, (2018) son la confianza y cooperación, el compartir información, la mejora al acceso de información además de la capacidad de innovación y desarrollo; en la sociedad actual son elementos altamente valorados como capacidades productivas propias de las redes que se tejen a nivel de individuos y organizaciones.
A partir de estos planteamientos teóricos podemos inferir relaciones entre las distintas variables que se consideran en la temática capital humano, migración y capital social, como se muestra en la siguiente figura 2:
Fuente: Elaboración propia.
Una forma de promover estas redes que generen capital social es aprovechar a las TIC para facilitar herramientas que fortalezcan el diálogo entre los investigadores, profesionales, usuarios, empresarios, instituciones del estado y ONG para desarrollar el capital relacional que pueda ser el engranaje para generar capital social entre ambas sociedades la originaria y la receptora, contribuyendo al desarrollo de ambas economías.
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